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miércoles, 20 de noviembre de 2013

TAPONES

Existen multitud de conciudadanos que se manifiestan en contra del aborto, porque según dicen, desde el momento de la fecundación y la primera división del cigoto en dos células ya es una persona. Eso sí es evidentemente discutible, y mucho. De hecho, si fuese así de sencillo y de fácil la determinación en ningún país se permitiría abortar, pues sería considerado, como ellos apuntan, un asesinato.

Lo que sí parece evidente es que cuando se deja morir a alguien ya nacido sin hacer todo lo posible para salvarlo, eso es abandono. Si es la sociedad y comunidad a la que pertenece dicha persona la que no hace todo lo posible y lo que está en su mano, siendo democrática, moderna según se define a sí misma, y económicamente de las primeras potencias del mundo... ¿Cómo lo llamamos?. Además esa sociedad está gobernada por los mismos que gritan y defienden que el aborto es un crimen. Anuncian, por tanto, su respeto a la vida del feto no nacido, aún siendo poco más que una amalgama de células, y sin embargo poco se preocupan de sus vecinos.

Y digo esto porque hace unos meses se sometió a su última operación Aitiana, una chica aragonesa que nació sin la principal vena que une el corazón con los pulmones. Como aquí, en este país, que según cuenta, goza con el mejor sistema de salud del mundo, no había tecnología para poder salvarla, pues el gobierno, el Estado, no se  hizo cargo de pagarle el millón de euros que le ha costado las tres operaciones necesarias para salvar su vida y que se ha tenido que ir a hacérselas a EE.UU. 

Un millón de euros que han tenido que recaudar los padres clamando solidaridad de todos los españoles, que se pusieron a ello, para reciclar tapones de plástico. 250 millones de tapones han conseguido el milagro.

Resumiendo: Una ciudadana española, nacida, viva, con mala salud, pues vino al mundo con una carencia tan enorme que no podría vivir si no se curaba de ella. El Estado al que pertenece, sus instituciones que están para prestar al ciudadano todo lo que esté en su mano para vivir dignamente, no le da ayuda. La deja desamparada en manos de la caridad y solidaridad individual.

¿Eso es de sentido común? A mí no me lo parece. Sobre todo cuando en los presupuestos generales de ese estado aparecen partidas de más de cuarenta millones de euros para coches oficiales, cuando en ese estado, gobernantes y políticos gastan el dinero de todos en construir y mantener aeropuertos donde no vuela ninguna aeronave, autopistas por donde no circula automóvil alguno, etc...

¿Qué es un millón de euros para un país occidental, para un país que se jacta de la "marca España" cuyo coste es bastante superior a ese millón de euros?

Un país así, carece de excusa alguna para pedir a su pueblo nada. Absolutamente nada. 

Y ahora, su ministro de justicia, tiene en mente, obligar a las mujeres a dar a luz, incluso en aquellos supuestos en que el feto venga con deformidad. Deformidad que luego, una vez nacido, el Estado se desentiende... Y si la persona que viene al mundo padeciese una enfermedad que por estos lares no es tratada... ¡Ala pues! ¡A pedir tapones!

¡Vergonzoso!

domingo, 18 de agosto de 2013

EL TIEMPO PASA...

Hace tiempo que no introduzco entradas en este que viene a ser mi diario.. Y no es que haya dejado de vivir, ni mucho menos, sino porque a veces, y en estos últimos tiempos son muchas, no se te apetece contar o escribir lo que acontece.

Llevo bastante tiempo preocupado por mis reflexiones y mis traslados al pasado. Tal vez pueda ser la edad, pero también podría ser que el presente se me antoja algo vacío en cuánto a contenido del alma. Lo cierto es que se me acumulan en mi memoria escenas y hechos que estaban olvidadas o latentes en lugares recónditos y sin saber muy bien el motivo aparecen con imagen clara y concisa. Curiosamente son los mejores momentos. He de hacer un esfuerzo para borrarlos con los peores coetáneos, así disimulo de alguna manera el bienestar de la melancolía con la realidad de lo que no ha de volver.

Pernocto parajes distorsionados por una realidad actual incómoda, culpable de sentir con afabilidad lo sufrido, perjudicando de esa manera la visión cotidiana que la engulle y regurgita oscura, tediosa y árida. Cada mañana al levantarme hago el esfuerzo del buen comienzo, y al salir del día me acurruco sobre mí mismo en el colchón  de un dormitorio y una casa que aún acompañados me aprieta en la soledad. No logro conciliar el sueño; aunque sí hilvano sin problemas las pesadillas y los duermevelas. Cada vez más numerosos ambos. Físicamente se me tensan las piernas y los pies parecen pesados.

Perdónenme pues, lectores. Algún día volveré a ser sino el de antes, al menos el de un presente con dignidad.

Hasta la próxima.


jueves, 20 de junio de 2013

Tengo varios blogs con entradas. En los que escribo son prácticamente dos, este que leen ustedes y otro que tiene como nombre genérico TREMENDAS PINCELADAS, el cual, según veo en las estadísticas, tiene menos seguidores que el presente. Sé que este se dedica más al cotilleo sobre mi vida y lo que hago, de ahí su nombre REALMENTE MI DIARIO; pero quiero hacer hincapié en que el otro, os lo aseguro, también merece la pena.

El párrafo anterior sólo me ha servido de excusa para autopromocionarme. Algo propio, según dicen, de personas con falsa modestia; yo, sin embargo, lo achaco más a mi necesidad de que se lea lo que escribo, como todo escritor pretende. Y el que no, nos engaña con supuesta necesidad de calidad.

Hoy hace caló. Y en femenino, como el mar cuando se encabrita. La misma que hace un año, o tal vez menos, o tal vez más. Lo cierto es que en este preciso instante presente, ¡hase caló!.

Esta mañana he tenido que ir a la mutua de accidentes laborales. El pasado jueves, cuando iba al trabajo, un coche, mejor dicho, una furgoneta Mercedes VITO, tremenda y enorme, nos embistió por el lateral de nuestro pobre Opel Corsa. Conducía Miguel. Yo escuché el estruendo sin haberme apercibido siquiera de que el vehículo se había saltado un Ceda el Paso por despiste absoluto del conductor.

El tiempo se ralentizó. Los segundos duplicaron o triplicaron su duración y todo quedó grabado de manera simultánea en mi memoria. El tremebundo y aparatoso doblar de la chapa de mi puerta, pues ese fue el punto del impacto. El traslado forzoso de nuestro pequeño y abombado coche varios metros en perpendicular con su trayectoria habitual, con el grito imposible de un caucho que se resistía. Casi a la par, aunque algo retrasados, llegaron los zarandeos. Varios. Hacia la izquierda, luego al frente, luego hacia atrás, y otra vez a la izquierda, para termina con un fuerte movimiento de inercia hacia... No recuerdo. Tal vez derecha, o izquierda, o quien sabe si hacia arriba. Aunque no, creo que hacia arriba no. Hacia abajo tampoco.

El pobre hombre, que además resultó ser nuestro fontanero, quedó blanco de susto. Menos mal que grave no pasó nada. A nosotros, porque el pobre cochecito azul ¿eléctrico? o tal vez ¿pavo? No sé.. El coche nuestro es azul y ya está, coño; con tanto tipo de colores que se llevan ahora. Azul. Y ya está. Pues eso, él ha quedado bastante peor.

La puerta de la derecha, de donde yo iba, la que recibió el impacto, la única que tiene a ese lado, porque él sólo tiene tres puertas, ha quedado algo abollada y con dos agujeritos de dos o tres centímetros de diámetros que muestran los interiores de la chapa. Un canal como los de Marte que recorre como un metro o metro y medio todo el lateral. Luego, ruidos internos desconocidos hasta ahora. Eso sí, con gallardía absoluta, el pobre sigue sirviendo para la causa con perfecta des-armonía.

No me canso nunca de deciros que lo que se escribe en el párrafo anterior, el que ustedes acabáis de leer, en mi presente queda ya como pasado, y de varios días... Ni recuerdo ahora mismo cómo seguiría el escrito anterior, así que lo doy por terminado.

En cuanto a lo que ha ocurrido desde entonces en mi vida, poca cosa, de cara a lo social, y bastante en lo que respecta a lo individual, pues continúo con mi empeño de realizar un cortometraje. He terminado el guión escrito, ahora falta el técnico, el cinematográfico, que es más complejo. Y luego, realizarlo de una manera u otra.







viernes, 7 de junio de 2013

ALGO DE DESIDIA

Más parece un mensuario, o un bimensuario... No escribo desde hace tiempo. Y no es que haya dejado de vivir. Aunque visto los hechos, casi.

Lo que ocurre es que tengo poco tiempo. O más bien eso es una excusa. En realidad es cuestión, en cualquier caso, de prioridades. Pues conectarme a estas autopistas me conecto. Abrí hace mucho una cuenta de facebook, manejo el correo electrónico e incluso escribo en el Word... ¡Ya veis! Aún utilizo programas sin compartirlo con los demás. No todo se puede compartir.

Desde aquí hago llamamiento a la intimidad y a realizar actos en soledad.

Pero este blog se llama realmente mi diario. Y a ese origen me debo, pues de lo contrario dejaría de ser lo que es para convertirse en otra cosa.

Hoy salí de mi RETIRO ESPIRITUAL a las nueve de la mañana, después de esperar una cola de varios individuos cuyo único fin era atravesar la puerta y dejarla detrás en vez de tenerla delante. No hubo más problema. Salí de allí y me vine a casa en el coche, que ayer dejé aparcado algo lejos de la salida. Miguel vino a Palma porque tenía yo un cásting. No fue gran cosa, ni por mi actuación ni por el lugar donde fue: un bar-pub, de "ambiente femenino", oscuro y pequeño... Sin  escenario y sin medios especiales para humorista, actor, bailarín, etc...; pues todo eso pedían.

A lo que iba.

Salí a las nueve y casi media y me vine para mi pueblo, para Artà. llegué sobre las diez y media. Algo retrasado del horario normal, por varios motivos: exceso de tráfico -estamos en plena temporada, casi-, y un control policial en la rototnda de San Llorenç.

Habíamos quedado en La Almudaina. Allí estaba Miguel y Fibi. Me pedí un cortado y medio bocadillo de bacon con lechuga, tomate, aceite, sal... Sin alcaparras, que no me acaban de gustar. No soy yo de comer a media mañana. Antes, más joven, sí. Pero ahora se me resulta algo pesado. Sin embargo, esta mañana llegué, como se dice en "andalú"... "esmayáo".

Más tarde, al poco tiempo, llegó mi cuñado Andy, que acaba de llegar, como quien dice de Colonia, de un concierto de Rush, un grupo de música mítico que triunfó el martes en la ciudad alemana.


¡Gran tema este, The Garden!

Pues eso, que Andy se fue a verlos... Se lo pasó bien. Rememoró, como todos cuando escuchamos nuestras músicas, momentos inolvidables de su vida. Allí, sí... Rodeado de otros. Junto a ellos. Y no de forma virtual, sino en directo... Con olores, sudores ajenos y saboreo de un aire exhalado de multitud que comparte gusto. ¡Qué lujo!

Después del café, Miguel y yo nos vinimos a casa, comimos; dormimos siesta... Y aquí ando.




sábado, 4 de mayo de 2013

LAS CAÍDAS....

Llevo una semana más por los suelos que en muchas otras semanas anteriores de mi vida. Y lo digo literal.

El martes, en el lugar donde estoy recibiendo mi retiro espiritual durante el último año y medio de mi vida, me fui a sentar en una silla, al sol de un patio excesivamente ventoso, cuando una de sus patas cedió a mi peso, al maltrato que llevaba encima y a su propia edad. Yo caí, a la vez que ella se torcía; despacito pero con la seguridad que terminaba en el suelo, como  así sucedió.

Aterrizó mi peso sobre mi pobre cadera, que aún lo soportó con valentía y sin excesivo padecer. Mi pie, el amputado, el enfermito, tampoco resistió demasiado mal el accidente. No así lo hicieron la vergüenza y el orgullo que quedaron bastante magullados. No sólo por verme en tan  bajo lugar, ni tampoco porque resultase mofa de los demás que vieron el altercado. Todo lo contrario. Fue la prisa que se dieron en ayudarme y su falta de humor lo que me llevó a pensar que me veían como un hombre "mayor" y algo "incapacitado" al que había que apresurarse a ayudar. Yo fui quien, para disimular la falta de emoción, hice broma sobre mí mismo. Me fue aún peor, pues quedé único y abandonado a tal asunto.

Cuando tenía olvidada la escena anterior, hoy mismo, hace unas horas, después de una siesta agradecida; ya sentado delante del ordenador, una segunda caída desequilibró nuevamente mi ánimo.

La de hoy ha logrado ser la más tonta de las dos. Fibi, mi perrita, estaba sobre mi regazo, apoyada en él con las cuatro patas, erguida. Quiso bajar. Yo la fui a ayudar para evitar... En realidad para evitar nada, pues ella es lo suficientemente ágil como para saltar al suelo sin más percance. Como fuere, yo la fui a depositar dulcemente en el pavimento, cuando el sillón con ruedas sobre el que estaba sentado, se echó hacia atrás empujado por mí mismo. Yo quedé algo rezagado. Lo suficiente, como para terminar de empujarlo hacia detrás. Dí con mi escaso culo en el suelo. Fibi se sintió responsable, por lo que decidió lamerme compulsivamente y refugiarse sobre mí. Miguel, que estaba sentado de espaldas escuchó el sonido grave y vacío tras de sí. Al volverse me vio en el suelo, con las piernas algo alzadas y abiertas intentando recomponerme para comenzar el trabajo de auparme.

Sí, dos caídas en poco más de tres días. ¿Tendrán algún significado mágico? ¿Será el aviso de algo? Creo que no. Aunque si me pongo a reflexionar... Dos caídas, y en ambas han intervenido aposentos. Eso es ya algo más que probabilidad.

Si le quisiera buscar simbolismos, de seguro los encontraría. Podría decir que estas dos caídas son una manera de decirme el destino que ya no podré caer, en lo figurativo, más de lo que he caído. O lo contrario. Que jodería mucho, desde luego.

Porque no soy una persona de caerme. De dar traspiés, sí.. Y muchos. Desde pequeño, me he tropezado con facilidad. Para mí siempre han sido obstáculos, los obstáculos. Un escalón mínimo. Uno muy alto. Un árbol. Cualquier obstáculo, ha sido para mí un obstáculo. E imposible de sortearlo.

Una vez, cuando era muy pequeño. Tendría como unos once o doce años, salí del instituto -entonces, a  partir de diez años entrábamos en el instituto-, y me fui a ver a mi abuelo, que despachaba en una bodeguita que vendía vino a granel. En el camino, mientras miraba, creo recordar, un autobús urbano que e me antojo de mirar, no vi una palmera que estaba en mitad de mi camino, y me zambullí entre una enredadera que la rodeaba de abajo hacia arriba enmarañada a más no poder. Me costó trabajo salir de allí. Tanto, que quedaron expuestos para siempre jirones de mi camisa, jersey y algunos trozos de mi piel de brazos y cara, que dibujaron al desprenderse líneas rojas. Cuando mi abuelo me vio entrar, me preguntó qué me había pasado, y yo para evitar otra vez la típica frase materna de:

    - ¡Otra vez, Juanito! ¡No aprenderás! ¡Tienes que acostumbrarte a mirar para delante! -Y a cada exclamación una bofetada. Y a cada exclamación dos o tres octavas más arriba.

Pues eso, para evitar escuchar lo anterior, le dije a mi abuelo que un hombre me había estado persiguiendo y yo para escaparme de él terminé escondiéndome entre un árbol. De ahí mi estado.

El pobre hombre se lo creyó a pies juntillas la historia. No así mi madre, a la que bastó mirarme a la cara cuando se lo contábamos los dos al llegar a casa para descubrir la falacia. Los golpes que quise evitar ocuparon su lugar en mis recuerdos, y por ahí andan.

Mas lo importante en esto del vivir es administrar mejor los defectos que las virtudes, pues ellas solas vanaglorian tu persona. Yo hago bien aquello, ya que en ocasiones, y no pocas, logro pasar desapercibido en desaires por remitente de mi "mala cabeza".

jueves, 18 de abril de 2013

QUÉ SE YO...

¡Qué se yo!.... No tengo ni idea por qué a veces me pongo apático; ni tampoco, por supuesto, por qué otras me siento feliz y pletórico. Todo esto ocurre con mi ánimo en la mayoría de las ocasiones. Lo achaco a la edad, como si de juventud fuese todo más causalidad. Tal vez sí, o tal vez no. Las cosas no son exactamente como ocurrieron sino como las recordamos.

Pero hoy, a estas horas en que me encuentro algo abatido, existe una causa justificada. Una causa que siempre la he intentado mantener alejada de mí, y que en muy pocas ocasiones ha sido capaz de lanzarme hacia arriba o arrojarme hacia abajo en referencia a la felicidad. Me refiero al dinero. Incluso habiendo tenido época de grandes depresiones de efectivo y otras de sobrada tenencia de él, como he dicho, en contadas excepciones me ha causado en sí mismo efecto alguno.

Esta tarde, sin embargo, me ha aturdido enormemente el hecho de un gasto imprevisto que bien podría haber sido, al menos, previsto, aún luego gastado de todas maneras.

Tenemos un coche que logra con bastante orgullo y firmeza cumplir eficazmente con su función. Es algo mayor y lo tratamos correctamente. Llevaba tiempo adoleciendo de cierta dificultad en el frenado, sus filtros avisaban con anotación en pegatina interior de cambio urgente, y una rueda, la trasera derecha, había gastado sus dibujos a extremos preocupantes. Era por tanto, sabido por los dos, de la necesidad de ingresarlo en el taller para recuperar su brío.

A mediodía se lo hemos llevado a Joaquín. El técnico encargado de solucionar los problemas vehiculares. Nos ha confirmado la urgencia de cambiar las pastillas de freno, la rueda trasera y viendo el aviso en el parabrisas, también los filtros. Lo hemos dejado allí y a la tarde lo iríamos a recoger.

El día continuó con cierta desidia por el clima; esta primavera, como todas, con calor, sofoco, para luego correr un poco de aire y enfriarte en la sombra. Lo bueno es que la comida ha sido espectacular. Un guiso de carne que me ha quedado cojonudo. Con patatas de Sa Pobla.... Después una buena siesta, un rato en el ordenador y a recoger al recuperado auto. Cuando llegamos ya estaba listo. Y la factura también.... DOSCIENTOS CINCUENTA EUROS. Cuarenta y cinco y pico solo de IVA. Un descalabro. Sin previo aviso. DOSCIENTOS CINCUENTA EUROS.

Me ha dejado tan patidifuso, sorprendido, anonadado, petrificado y aniquilado, que mientras Miguel la pagaba yo paseaba con Fibi, como ido, cerca del pobre Opel Corsa azul.

Luego, las horas han pasado acaparando el tema cualquier conversación, empezase esta por lo que empezase. Y esta noche, ahora, a las once menos diez, me he venido para sentarme aquí y escribirlo. Por desahogarme. DOSCIENTOS CINCUENTA EUROS.

martes, 16 de abril de 2013

NO SIEMPRE SE CUMPLEN...

A las perspectivas, me refiero.

Pensamos en hacer algo, nos hacemos ilusiones porque nos gratifica realizarlo tremendamente, y sin embargo por alguna causa ajena o propia se nos desbarata y todo se va al traste. Entonces interviene la desolación, y la tristeza e impotencia se adueña de nosotros. Finalmente, para evitar la desesperación solemos pensar aquello tan estúpido de que "no hay mal que por bien no venga". Es una farsa para evitar males emocionales mayores.

Según dicen tener expectativas es disfrutar de una especie de antesala a la felicidad. Lográndose esta cuando la meta prevista se consigue y se disfruta. Vuelta a empezar con una nueva expectativa, y así vamos avanzando a lo largo de nuestro tiempo finito.

Esta mañana me levanté con cierta alegría pues sabía que a las diez de la mañana saldría hacia mi hogar. Dormí anoche incluso con gratificación previa. Se cumplió. Con algunos minutos de retraso, pero se cumplió.

Ayer me llevé el coche y lo dejé aparcado casi en la puerta. Antes de arrancar mi camino llamé por teléfono a Miguel para avisarle de mi salida. Teníamos que quedar en Manacor, puesto que la agenda era algo complicada.

De Manacor a Campos, porque tenía que visitar al podólogo, ya amigo, Sión. Hacía más de un año que no iba a su consulta privada. La última vez que me atendió, hace algo más de un mes, lo hizo en el hospital público de Son Espases.

Salimos de la consulta tarde, como a las doce y media. De allí a Cala Rajada, y de allí a casa, que llegamos sobre las cuatro de la tarde y tuvimos que improvisar una comida a base de latas precocinadas.

En Cala Rajada, de todos los sitios donde hemos estado, ha sido donde se nos ha torcido algo los planes. Por ello el comienzo de esta presente entrada.

Ya se me ha pasado el abatimiento y estoy otra vez pensando en que mañana iremos a Palma, a Ciutat, a recoger un objetivo de la cámara que dejamos en uno de los últimos micromecánicos del país y luego, tal vez, me vaya al cine. Retomaremos de alguna manera la vida que llevábamos cuando la normalidad aún era nuestra compañera.

Ya os contaré.